Fue un jueves 28 de mayo, mismo día designado para llevar a cabo el Primer Pleno FECh ante la asunción de la mesa “Conectemos” y las distintas asambleas estudiantiles y/o AFUCH, cuando el campus Juan Gómez Millas amaneció tomado por decisión de las mentes más adelantadas de esta, nuestra época de pensamiento atrapado en sí mismo, repartidas entre sus distintas facultades. Convencidos de estar llamados a articular el movimiento político, la toma apareció como respuesta lógica a una movilización que, de otro modo, habría caído pronto en el olvido. Poco importó lo conversado y votado, tanto en la asamblea de campus como en las asambleas de facultad, cuando el canto que llamaba a la expropiación temporal sonaba a la revolución que sus partidos, organizaciones o el simple imaginario de lo que significa ser estudiante les habían prometido.
La toma de JGM no carece de antecedentes. La AFUCH había convocado, y participado en, asambleas triestamentales ante una situación de abuso por parte del director económico de la Facultad de Filosofía y Humanidades hacia una funcionaria, en pleno quinto piso del edificio nuevo, impidiéndole de facto dirigirse a su superior jerárquico. Pero este actuar no constituye una anomalía, sino una consecuencia recurrente de la separación entre estudiantado y clase trabajadora. Situaciones como la toma tienden a fragmentar luchas que antes eran compartidas, desplazando problemas colectivos hacia demandas particulares del alumnado. Del mismo modo, se reproduce un discurso (similar al de ciertos candidatos a rector) que convierte la triestamentalidad en un objetivo en sí mismo, no como proceso junto al cual desarrollar las problemáticas que efectivamente afectan al funcionariado.
La vanguardia
El derecho a la violencia de masas debe ser utilizado. Tanto la paralización como la toma o el parón productivo son herramientas legítimas del desarrollo movilizante, pero eso no significa que deban transformarse en medidas obligatorias para toda posibilidad reformista o revolucionaria1, ni mucho menos en respuestas inmediatas a la rabia o al descargo.
Fue Carlos Marx quien escribió que “en las luchas históricas hay que distinguir todavía más las frases y las ilusiones de los partidos de su organismo real y de sus intereses reales, lo que se imaginan ser de lo que en realidad son”2. Pareciera que el grupo dirigente de la toma no ha hecho política desde un análisis material de la lucha de clases ni desde el desarrollo conjunto entre estudiantes y trabajadores. Más bien, ha reproducido una división del trabajo donde la labor productiva queda reservada a funcionarios y trabajadores, mientras una fracción del estudiantado asume para sí el papel de dirección política e intelectual del proceso. Aquellas personas que hoy se graban para informar y escriben comunicados en nombre de la comunidad en toma no representan a una clase, ni buscan hacerlo para fortalecer o salir de las negociaciones sindicales con las autoridades del campus, aun cuando sus publicaciones así lo sostengan. Por eso, su práctica termina quedando al debe respecto de los objetivos que dice perseguir.
El manifiesto
El petitorio comienza planteando bases mínimas para una negociación que parecen ser mucho más necesarias para los estudiantes movilizados (sospechando: en cuanto validación de su propia experiencia política) que para unas autoridades que no enfrentan una interrupción significativa del financiamiento ni de la producción institucional. Difícilmente una toma de estas características puede obligarlas a escuchar.
Sus discursos sobre salud mental tampoco abordan las raíces estructurales del problema. La universidad produce y reproduce profesionales bajo condiciones crecientemente precarizadas: un mercado laboral saturado, salarios en descenso, una inversión estatal insuficiente en investigación3 y una creciente pobreza de tiempo derivada de la necesidad de trabajar (de forma remunerada o no) mientras se estudia4. La principal causa de deserción estudiantil no se resolverá mediante iniciativas complementarias como la venta artesanal en el campus5.
Fuera de eso, el petitorio desplaza la discusión hacia la carga académica para exigir semanas de receso y programas de acompañamiento que probablemente aumentarían la demanda por atenciones particulares. Con ello, se aleja del centro de la discusión las causas histórico-materiales que participan en la formación del sujeto trabajador para concentrarse en intervenciones individuales que, dada la escasez de recursos disponibles, difícilmente podrán desarrollarse de manera suficiente.
Algo similar ocurre con las capacitaciones de género dirigidas al funcionariado. En un contexto de escaso financiamiento, estas medidas podrían traducirse en un aumento de horas de trabajo que recaería con mayor fuerza sobre auxiliares y trabajadores activos que sobre académicos, cuyos contratos poseen mayores resguardos institucionales. No sería extraño que su implementación terminara dependiendo, como ocurrió en el caso de la USACH, de la voluntad de este último grupo.
También se propone la creación de diversas instancias de trabajo entre autoridades y facultades. El problema es que ello puede profundizar la fragmentación de la movilización estudiantil al consolidar normativas particulares por carrera o facultad. Lejos de fortalecer la autonomía, esta dinámica tiende a sindicalizar intereses específicos y a evaluar los procesos colectivos desde criterios sectoriales antes que generales6. Además, genera la necesidad permanente de algún mecanismo que obligue a las autoridades a sostener su participación. Cuando esa asistencia disminuya, ¿la respuesta volverá a ser una nueva toma? Más aún cuando esta herramienta parece contar cada vez con menos apoyo dentro de una comunidad universitaria que observa consecuencias materiales limitadas y una capacidad reducida de presión sobre las autoridades del campus, de la universidad o del país7.
Sobre el no ser ni David ni Goliat
El estudiantado de la Universidad de Chile suele representarse a sí mismo como herramienta o portavoz de la clase dominada del país. Sin embargo, termina siendo ninguna de las dos cosas. Lenin sostenía que todo análisis político debía tener la cuestión de clases en su centro8. Pero, aun cuando el discurso juangomezmillero esté escrito en clave revolucionaria, las condiciones materiales efectivas no parecen constituir su punto de partida.
Quizá la imagen de sí mismos como sector dirigente les hizo olvidar que habitan una realidad material distinta de aquella que evocan en sus consignas. Pero su petitorio lo refleja de forma transparente. Se trata de un documento limitado y apresurado, elaborado por un grupo que asumió la necesidad de conducir una movilización de masas sin tener todavía claridad suficiente respecto de su dirección, sus objetivos o sus fundamentos.
Existía previamente un proceso impulsado por la AFUCH en el que la conformación del sujeto trabajador universitario debía desarrollarse mediante el trabajo conjunto entre trabajadores activos y estudiantes en formación, a través de asambleas y experiencias compartidas durante la paralización. Ese proceso terminó siendo absorbido por la necesidad del grupo estudiantil de asumir la conducción, reduciendo el conflicto a sus propios intereses y a una perspectiva marcada por la posición privilegiada que ocupa dentro de la división social del trabajo. El resultado fue intentar tomar el timón sin comprender plenamente cómo está construido el barco, desde dónde comienza el trabajo político ni con qué materiales reales se cuenta para hacerlo.
El gobierno de Kast funciona como combustible para nuevas movilizaciones. Sin embargo, muchas de ellas terminan articulándose en torno a medidas específicas antes que contra las condiciones estructurales que las producen, más allá de este gobierno. Se grita por la salud mental individual, pero no por la alienación de la vida social; por los síntomas, pero no por la división del trabajo que los genera. Así, la política corre el riesgo de transformarse en un ejercicio de contemplación del propio ombligo, mientras se sigue imaginando que quienes están llamados a organizar el fin del capitalismo son, en última instancia, estudiantes de segundo o tercer año de universidad.
Notas al pie.
- No olvidar que en 2011 la facultad de derecho estuvo 6 meses en toma, pero eso no significó victoria.
- Karl Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte (Santiago de Chile: Editorial Larga Marcha, 2024), 38.
- Actualmente es un 0,41%. Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Con anuncio de 0,41% de gasto en I+D, ministra Aisén Etcheverry presentó Cuenta Pública 2025 en Rancagua (Santiago de Chile: Gobierno de Chile, 10 de julio de 2025), https://www.minciencia.gob.cl/noticias/con-anuncio-de-041-de-gasto-en-id-ministra-aisen-etcheverry-presento-cuenta-publica-2025-en-rancagua/.
- Centro de Desarrollo, Estudios e Incidencia (CDEI) y ONU Mujeres, Impacto de las labores de cuidado en el desempeño académico y la retención en la Educación Superior (Santiago de Chile: Inacap / ONU Mujeres Chile / Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, 2025).
- Para más información revisar columna “La caja de Pandora del autofinanciamiento de la Uchile”, de la misma página Nueva Chispa. https://lanuevachispa.com/2026/05/30/la-caja-de-pandora-del-autofinanciamiento-de-la-uchile/.
- Mismo problema de que las deliberaciones finales sean tomadas por asambleas de carrera y no de facultad, limita la participación e interacción interdisciplinaria; al mismo tiempo que delimita la conciencia de pertenencia del estudiante de una clase a una carrera particular.
- Para leer sobre la desvalorización del título profesional y la bajada en la demanda laboral (situación que elimina a las tomas como verdaderas amenazas para el Estado) recomendamos la columna de nuestra página “El retorno de la cruzada por la libertad de enseñanza”. https://lanuevachispa.com/2026/05/29/el-retorno-de-la-cruzada-por-la-libertad-de-ensenanza/.
- V. Lenin, «Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo», citado en Maximiliano Rodríguez y Nicolás Campos, Venezuela y lucha de clases, 3.ª ed. (Santiago de Chile: Editorial Larga Marcha, 2026), 17.
