Nuestros Principios

La Nueva Chispa busca convertirse en un instrumento político apropiado para enfrentar las tareas políticas que la realidad pone por delante. Con ese fin, se organiza a partir de los siguientes principios rectores:

1. El carácter marxista y la acción con conocimiento de causa

La organización es una organización que rige su acción por el análisis marxista de la realidad.

Por lo tanto, la forma de acción política de la organización no es una actividad empírica, espontánea o movimientista, ni regida por el pragmatismo; por el contrario, es una actividad profundamente reflexiva sobre el fundamento material de su accionar que parte del supuesto de que existe una realidad material exterior que es posible conocer, como por la conciencia del lugar de la clase obrera como sujeto histórico, la perspectiva programática de la necesidad de la revolución, la toma del poder del Estado y la edificación de un horizonte comunista como superación del modo de producción capitalista.

La solidez de nuestra acción está dada por la profundidad de conocimiento del objeto social que queremos transformar, ya que de lo contrario nuestra acción sería ciega. Buscamos portar la capacidad de explicar al resto y a nosotros mismos lo que estamos haciendo, por qué queremos llegar hasta determinado lugar y cómo lo pensamos lograr como preguntas permanentes.

2. El carácter feminista y la lucha contra la diferenciación sexo-genérica en el capitalismo

La organización reconoce que las desigualdades de sexo-género no constituyen un sistema independiente o superpuesto del capitalismo, sino que son formas específicas en que este organiza y fragmenta a la clase trabajadora.

Por lo tanto, nuestra acción política no aborda estas opresiones como conflictos aislados o meramente culturales; por el contrario, las entiende como expresiones de una relación social propia del capitalismo. En este sentido, la dominación y la violencia operan como mecanismos que debilitan la solidaridad de clase y abaratan la fuerza de trabajo de mujeres y disidencias, apoyándose en la división sexual del trabajo, la incorporación desigual al trabajo asalariado y la distribución del trabajo doméstico.

Nuestra práctica militante se orienta a fortalecer la unidad de la clase trabajadora, enfrentando las bases materiales y superestructuras ideológicas que sostienen estas diferencias. En consecuencia, la organización busca participar en la lucha feminista como parte de este proceso, procurando que su acción cotidiana y sus formas de organización sean coherentes con este objetivo, y avanzar hacia una forma de organización social donde la reproducción de la vida deje de estar confinada al ámbito privado y pase a ser una tarea social.

3. El carácter del sujeto político estudiantil en la organización

La organización en tanto organización estudiantil universitaria, toma al estudiante universitario como su sujeto político, pero entendiendo que el estudiante no es un sujeto abstractamente libre ni un “aliado” externo a la clase obrera, sino un miembro de ella en su actualidad en tanto estudiante. Su ser social está determinado por el desarrollo de su propia fuerza de trabajo como una mercancía para la venta, lo que convierte al proceso educativo en un momento específico de la producción y reproducción de la clase trabajadora al formar a las nuevas generaciones de trabajadores profesionales.

Por lo tanto, el movimiento estudiantil no se define por la convergencia de sectores ajenos, sino como la acción política de la clase obrera que reconoce en el estudio el gasto de energía necesario para producir sus propios atributos productivos, superando la ilusión ideológica de que el ámbito universitario es ajeno a la lucha de clases. La solidez de nuestra intervención radica en superar el movimientismo que actúa para un «otro», fundamentando la lucha estudiantil en la realización del propio ser social para sí, como portador de la superación del modo de producción capitalista

4. El carácter de nuestra intervención

A diferencia de los sindicatos, coordinadoras, movimientos sociales u otras formas amplias de organización, cuya tarea principal es incorporar y representar al mayor número posible de participantes, nuestra organización orienta su desarrollo hacia la formación y articulación de integrantes capaces de intervenir políticamente en la conducción de espacios de organización estudiantil.

Esto supone una tarea permanente de análisis de la realidad concreta, elaboración política y definición de orientaciones de acción que permitan incidir de manera consciente en los procesos colectivos.

Por lo anterior, el fortalecimiento de la organización exige privilegiar el desarrollo cualitativo de su sistema de organización e auto instruirse quienes la conformamos, entendida esta como la socialización de conocimientos (ya sea sobre el sistema de educación chileno, la posibilidad de realización de nuestro programa, análisis sobre la educación superior y el movimiento estudiantil, etc.) técnicas (de formas de organización, diseño, propaganda, agitación, habilidades blandas, uso de la oratoria y herramientas de intervención en espacios de masas, etc.) para fortalecer colectivamente la aptitud de la organización para asumir tareas de dirección en espacios de masas (como asambleas, tomas, comisiones de organización, entre otras), antes que el simple crecimiento cuantitativo sumando más personas. En síntesis, es preferible desarrollar la organización en su funcionamiento y las capacidades de quienes la conformamos, que hacer “engordar” la estructura, aunque crecer cuantitativamente sea una tarea esencial, no es la principal y tampoco debería ser la vara de medida con la que mirar el avance o retroceso de la organización, sobre todo en este periodo de repliegue organizativo.

5. El carácter celular y no asambleísta de la organización

La organización se compone de células. Las células son núcleos pequeños con un número reducido de miembros, no menos de 4 y no más de 10. El carácter celular pequeño con alta capacidad de dirección, posibilita que se cree un grupo en que cada integrante cumpla un papel activo, en que acción y reflexión van de la mano, en que cada uno puede tomar papeles de dirección. 

El carácter no asambleísta de la organización implica que existirán canales concretos para la organización de la acción, y estos no pueden reformularse sobre la marcha de manera anárquica e independiente.

Las células tienen que regirse por el principio de reproducción, para multiplicarse a sí mismas en espacios estudiantiles cada vez más acotados, desde la región a la universidad particular, desde las universidades en particular a las facultades y desde las facultades a sus carreras.

6. El principio del Centralismo Democrático

El Centralismo expresa la unidad de propósito y de acción de la organización, y se concreta en la coordinación común de las decisiones políticas y en la conducción general ejercida por la Coordinación Central sobre el conjunto de las bases, en función de los acuerdos colectivos adoptados.

La Democracia Interna constituye un principio permanente de funcionamiento y debe realizarse de manera efectiva en cada momento del desarrollo organizativo. Esto implica que todas y todos los integrantes participan activamente en la deliberación, elaboración y definición de la acción política común, asumiéndose como parte responsable de su ejecución con disciplina consciente.

El Centralismo Democrático se expresa en el carácter electivo, periódico y revocable de los cargos; en el principio de Dirección Colectiva, y en el ejercicio sistemático de la crítica y autocrítica como herramientas de fortalecimiento político.

Su desarrollo pleno requiere elevar permanentemente el nivel común de claridad política del conjunto de la organización, entendiendo que la participación consciente en las decisiones, la rotación de responsabilidades y el acceso compartido a funciones de dirección son condiciones necesarias para una práctica política verdaderamente democrática. Por lo tanto, el Centralismo Democrático no es sólo un principio rector que está dado, sino también, una tarea permanente que requiere observación constante.

7. El principio de la Dirección Colectiva

La Dirección Colectiva es el vector necesario del carácter democrático de la organización.

La Dirección Colectiva no se agota ni en la elección de cargos, ni en la discusión en las instancias deliberativas. Tomar en serio el problema de la Dirección Colectiva implica cualificar a la organización y sus integrantes para que puedan participar y contribuir en las decisiones de dicha democracia.

Toda dirección democrática debe funcionar de forma colectiva. Pero para ser colectiva, la dirección debe contar con conocimientos y nivel de conciencia política elevada. Donde sólo uno domina el conocimiento, concentrará también el poder en sus manos, porque “saber es poder”. Visto de otra forma, la organización que en vez de calificar y capacitar las instancias, califica sólo uno o algunos líderes, corre el riesgo de desmoronarse. 

Adicionalmente, todo integrante debe ser permanentemente productor de su propia conciencia política. O sea, buscar por su propia cuenta el conocimiento objetivo de la realidad con el cuál fundar su forma de acción política; en última instancia no existe elemento que pueda “producirle la conciencia a un tercero” y es este elemento el que a su vez posibilita el desarrollo de la crítica y autocrítica en la organización.

8. El principio de la Disciplina Consciente

Toda organización social se desenvuelve a partir de normas, criterios y formas de regulación que orientan la conducta de quienes la integran. Bajo el modo de producción capitalista, estas normas suelen imponerse mediante mecanismos externos de coerción, sanción o incentivo material, favoreciendo muchas veces su aceptación acrítica y su naturalización.

Nuestra organización también se rige por un conjunto de principios, normas y delimitaciones que ordenan la acción política individual en función de un propósito común. Sin embargo, se distingue de las instituciones burguesas en un aspecto fundamental: la disciplina no descansa en la coerción externa, sino en la adhesión consciente a objetivos colectivos libremente asumidos.

La disciplina consciente supone que cada integrante comprende el sentido político de las normas que orientan la vida interna de la organización y las reconoce como parte de una responsabilidad compartida. No se trata de obedecer formalmente una obligación, sino de actuar desde la convicción de que la unidad exige compromiso, responsabilidad y coherencia práctica.

La disciplina sólo puede consolidarse plenamente allí donde existe preparación política y cultivación del desarrollo de la propia conciencia y apropiación colectiva del proyecto común. Por ello, la unidad no se sostiene únicamente en reglas formales, sino en la capacidad de cada integrante de asumir activamente sus responsabilidades frente a la organización y frente a los demás. Cuando la disciplina se incorpora como convicción política y conocimiento de causa, deja de percibirse como imposición externa y pasa a formar parte del propio carácter militante. En ese nivel, el compromiso con las tareas, el respeto por los acuerdos y la responsabilidad frente al tiempo colectivo se vuelven condiciones naturales del actuar político común.

9. El principio de A cada cuál según sus capacidades…

Participar de una organización no es un hobby ni un medio para satisfacer la abstracta «consecuencia» de una identidad personal de izquierda. Es la construcción diaria de un proyecto revolucionario en progresivo desarrollo. Sin embargo, la acción política individual está determinada por la fracción de tiempo libre del estudio, del trabajo y del trabajo doméstico disponible y se encuentra en contradicción con el tiempo de ocio, por lo que participar de una organización implica, necesariamente, destinar menos tiempo al ocio.

Sin embargo, en un contexto caracterizado por la marcada heterogeneización de la clase obrera, no es posible exigir un mismo perfil de integración a la organización como criterio de compromiso o continuidad. Las variables de la intensidad de la carrera, el trabajo part-time, el trabajo doméstico cuando uno vive sólo o las responsabilidades familiares son disímiles y por lo tanto, la fracción de tiempo libre es variable y así, la disponibilidad no puede ser idéntica.

Por lo tanto, nuestra organización se rige por el principio de A cada cuál según sus capacidades. La cuestión no está en el tiempo en que se lucha directamente, sino en lo que cada uno puede hacer para sustentar la lucha en forma permanente. Además, esto nos permitirá poder incorporar a nuestro funcionamiento, las “manos” que a veces ofrecen personas que simpatizan con el proyecto para instancias específicas (marchas, actividades puntuales, etc.), pero que no necesariamente vayan a formar parte de la organización. Cada esfuerzo y apoyo cuenta.

10. El principio de la Crítica y Autocrítica

La organización y sus integrantes deben incorporar a su funcionamiento regular la crítica y autocrítica como proceso y horizontal de atención a nuestra forma de acción política con conocimiento de causa.

Es necesario distinguir este principio de los autoflaglamientos comunes de la izquierda. Estos últimos enfatizan en la debilidad de las formas, la falta de esfuerzos o la incapacidad logístico-técnica, la Crítica y la Autocrítica es un proceso de reflexión e investigación que se pregunta por el contenido de nuestra acción política que en sus formas concretas fracasó. En ese proceso, todo puede (y debería) ponerse en duda.

11. Principio de la cultivación política y permanente

La cultivación política debe ser integral y abordar más allá de los elementos de la producción política de la conciencia, abordando y socializando todos los saberes técnicos de dirección política, diseño, agitación y propaganda, entre otros.

Si “saber es poder”, la concentración de tareas es su reverso. La consecución de este principio va de la mano con el cuidado del principio de la Disciplina Consciente y del despliegue de la Crítica y Autocrítica.

Por más que existan compañeros con más capacidades para realizar cierto tipo de tareas con más especialización, se debe propiciar que todos los integrantes de la organización porten la capacidad de desplegar la mayoría de tareas políticas, incluso nunca se requiera que así sea, pues es de esa forma en la que se tiene consciencia panorámica del desarrollo de la organización y las decisiones colectivas toman un nivel de profundidad mayor.

12. Principio de autosuficiencia 

Las células de la organización deben tener como principio rector el llegar a ser completamente autosuficientes para subsistir como organización, multiplicarse, insertarse en las masas y desarrollar sus tareas políticas.

13. Principio de reproducción ampliada

La célula es el órgano de reproducción política y orgánica de la organización. 

La organización a través de las células aumenta su influencia en el movimiento estudiantil, engendra nuevas organizaciones mediante un íntimo trabajo de investigación, político y organizativo; y a través de una integración de las personas más decididas de las bases.

Las células deben aspirar a crecer y multiplicarse cuantitativa y cualitativamente.

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