¿Qué es la NC?

Presentación

El movimiento estudiantil atraviesa un período de repliegue. Aún persistiendo expresiones puntuales de descontento y movilización, predomina una pérdida de orientación estratégica, fragmentación de iniciativas y desconexión entre la acción cotidiana y un (ausente) horizonte político.

Este periodo se caracteriza por la reducción consciente e inconsciente a una lógica peticionista pasiva que moviliza cada vez menos gente, para obtener respuestas inmediatas del Estado y/o autoridades universitarias, sin poner en cuestión las raíces de las carencias que se enfrentan.

Se lucha por lo urgente –infraestructura, protocolos, recursos–, pero no parece posible poner en cuestión lo estructural: el régimen de autofinanciamiento de la universidad, los fondos fomentistas a la ciencia, el papel del Estado en la educación superior, ni mucho menos una perspectiva superadora del modelo de desarrollo capitalista chileno. De modo que lo que se pierde, no es solo la fuerza de la movilización, sino la dimensión estratégica a largo plazo de la política.

Frente a este escenario, la Nueva Chispa surge como una apuesta por construir una alternativa de accionar estudiantil con conocimiento de causa, orientaciones programáticas y voluntad política.

¿Qué es la Red Estudiantil Nueva Chispa?

La Red Estudiantil Nueva Chispa es una organización de estudiantes de Santiago de Chile que surge desde la experiencia concreta del trabajo político en el movimiento estudiantil, conjunto a la necesidad de recomponer sus capacidades en un período de repliegue. Partimos en el segundo semestre de 2025 como una escuela de formación y hoy nos constituimos como red, en tanto buscamos articular a estudiantes de distintos espacios, carreras e instituciones alrededor de una práctica política común, sostenida y con proyección. No se trata solo de un espacio de discusión o formación, sino de intervenir en la realidad estudiantil con orientación programática, objetivos concretos y una lectura estratégica de largo plazo para transformar la educación superior chilena, apuntando a que recupere la capacidad de concebir el movimiento más allá de ciclos de alza y repliegue.

Nuestra organización se construye con independencia de los partidos políticos, pues la tarea actual del movimiento estudiantil requiere desarrollar herramientas propias, concordantes con la experiencia concreta y la actualidad de la clase trabajadora. Esta independencia no es sino una forma de afirmar una orientación política de autonomía proletaria, que permita analizar la realidad sin subordinación a intereses ajenos al mundo del trabajo y a la red de clientelismo entre sectores públicos y privados. Además, defendemos que el estudiantado universitario forma parte de la clase trabajadora en tanto es un momento necesario de la producción de fuerza de trabajo calificada y así, se encuentra atravesada por las mismas reivindicaciones ante las contradicciones de la sociedad capitalista. Hoy más que nunca con la sobreoferta profesional que puja los salarios a la baja, hace crecer el grosor de cesantes con títulos técnicos/universitarios y engendra el subempleo de las mayorías con sueños e ilusiones quebradas, endeudadas y precarizadas. Todo dentro de un marco que no apunta a mejorar, pues las palancas del desarrollo económico general no aparecen en un primer plano, sino bajo los intereses de un Gobierno alineado con la ultraderecha mundial que busca avanzar sobre el universo del trabajo y la educación superior.

¿Cuál es su propuesta?

La propuesta de la Red para enfrentar el repliegue del movimiento estudiantil se centra en la reconstrucción de sus bases materiales, políticas y organizativas. Esto implica fomentar la reinserción en los espacios cotidianos donde se desarrolla la vida estudiantil, fortalecer la deliberación colectiva, recuperar la capacidad de análisis estratégico y asistir en la elaboración conjunta de un programa general para orientar la acción más allá de la coyuntura y la reactividad frente a comunicados de gobierno. Se trata de resignificar la movilización, dotarla de contenido, programa y continuidad, articulando las distintas luchas en función de un horizonte transformador.

El programa que impulsamos no se reduce a un conjunto de demandas inmediatas (aunque las incorpora como punto de partida necesario), se trata de una elaboración que vincula a un programa mínimo (con reivindicaciones antineoliberales posibles dentro del marco capitalista) y un máximo (que suponen la toma del poder del Estado por la clase obrera para poder ser realizadas), donde la lucha por objetivos concretos y cotidianos son parte de un proceso más amplio de transformación.

El programa mínimo se orienta a disputar el carácter de la educación y su relación con el Estado, proponiendo una reorientación estructural del sistema educativo. En lo urgente, enfrentar la desregulación de las matrículas y los sobrecupos mediante mecanismos de planificación y regulación democrática triestamental de la admisión, vinculando la formación a las necesidades sociales y productivas para combatir el subempleo de egresados. También comprende que la salida debe proyectar cortar las raíces de la sobreoferta profesional avanzando hacia una educación superior ligada a una Estrategia Nacional de Desarrollo, superando el autofinanciamiento institucional a través del aumento del gasto público sustentado por la captura de rentas estratégicas del sector minero y silvoagropecuario, poniendo fin al endeudamiento estudiantil y a los mecanismos de subvención a la demanda, asegurando financiamiento basal directo. En este marco, se plantea fortalecer el carácter público, laico y articulado del sistema, mediante la conformación de redes técnicas estatales, fiscalización y transparencia efectiva de instituciones privadas financiadas con recursos públicos, superación de la autonomía económica universitaria y procesos de centralización institucional que, resguardando la autodeterminación administrativa, permitan dejar atrás la competencia entre instituciones.

El programa apunta a democratizar el funcionamiento de la educación superior y reconfigurar sus formas de gestión. Esto se expresa en la construcción de una gobernanza triestamental con participación vinculante, en la regulación democrática de la admisión y la planificación académica según necesidades sociales, y en el avance hacia una gestión presupuestaria definida colectivamente entre estudiantado, maestros y funcionarios. A su vez, busca revertir la precarización laboral al interior de las universidades mediante el fin del subcontrato y la externalización, fortaleciendo cuerpos propios de trabajadores y trabajadoras, e impulsando formas de organización sindical y académica que permitan defender las instituciones frente a crisis, cierres o recortes; situación de interés coyuntural para la Red, ante la criminalización del gobierno de Kast contra la sindicalización y movilización de estos por sus intereses. En el eje educacional más amplio, se impulsan becas integrales que garanticen la permanencia, regulaciones del tiempo académico que permitan compatibilizar estudio y vida, la reducción del tamaño de los cursos y la ampliación del cuerpo docente. A esto se suma la disputa por el carácter abierto de la universidad, el acceso irrestricto y la superación de los actuales mecanismos de admisión hacia criterios centrados en la vocación y las necesidades sociales; esto en torno a la re-articulación de las condiciones materiales, la organización y la transformación cultural.

Integramos de manera central las reivindicaciones de la lucha feminista, mediante el fortalecimiento y aplicación efectiva de los protocolos de violencia de género existentes con seguimiento triestamental y orientación preventiva, la implementación de medidas que enfrenten las desigualdades en el acceso y desarrollo académico, y el impulso de políticas que disputen la segregación sexo-genérica de las trayectorias, especialmente en áreas como las ciencias. Estas orientaciones se proyectan también hacia la educación secundaria, a través de la exigencia de educación no sexista, educación sexual integral obligatoria, mejoras salariales en un sector altamente feminizado como la docencia y políticas que intervengan en la reproducción de desigualdades en las proyecciones laborales desde etapas tempranas.

El programa máximo proyecta estas reformas hacia una reorganización general del sistema educativo en el marco de una transformación de orientación socialista. Con este horizonte, se plantea la unificación entre educación, producción y desarrollo de las fuerzas productivas bajo planificación estatal, la centralización del sistema estudiantil en una estructura pública integrada y la asfixia progresiva del mercado educativo mediante su desfinanciamiento (tanto nacional como extranjero) y su eventual expropiación. Se suma aquí la construcción de una nueva democracia universitaria basada en el cogobierno y la síntesis orgánica entre las comunidades educativas y la clase trabajadora, junto con un sistema de acceso gratuito, masivo y articulado a distintas formas de tecnificación de la población. El financiamiento basal total, sostenido en los recursos estratégicos del país, aparece como condición para esta reorganización, que solo puede realizarse plenamente en el marco de la constitución de la clase trabajadora como poder político. Estos elementos no se plantean como niveles separados, sino como momentos articulados de un mismo proceso, donde el vínculo entre programa mínimo y programa máximo es de carácter estratégico y preparatorio. En este sentido, la distinción entre reforma y revolución no expresa una oposición, sino una diferencia de grado y alcance en los avances en torno a la acción política. Las luchas en el plano inmediato permiten organizar fuerzas, intervenir en la realidad concreta y responder a necesidades urgentes, mientras su proyección en un horizonte más amplio las inscribe en una perspectiva de transformación estructural que debe ser definida en conjunto. De este modo, las reformas operan como mediaciones que hacen posible avanzar en la construcción de una capacidad política superior, elevando la conciencia trabajadora y tensando los límites del sistema hasta formar una situación de enfrentamiento prerrevolucionaria.

¿Cómo puedo formar parte? ¿Qué implica formar parte?

Formar parte de la Red Estudiantil Nueva Chispa es integrarse a un esfuerzo colectivo por revertir el repliegue del movimiento estudiantil y volver a dotarlo de orientación, organización y proyección. No se trata de un hobby ni de un espacio de pertenencia meramente identitario y autorreferente —tipo scout— como lo que han hecho los partidos de la política universitaria, sino de ser parte de una práctica orgánica que busca incidir en la realidad, reconstruir espacios de deliberación y levantar una alternativa con sentido estratégico. La invitación es a pasar de la dispersión ofuscada a la construcción consciente, participando en un proceso donde la formación, la organización y la intervención se articulan para producir un cambio efectivo en cómo se hace política estudiantil.

En lo concreto, participar implica integrarse a una célula donde se combinan discusión, planificación y acción, asumir tareas según las propias capacidades e involucrarse en los espacios donde se desarrolla la vida estudiantil. Esto puede ir desde asistir a reuniones periódicas y aportar en la elaboración política, hasta participar en asambleas, impulsar iniciativas o desarrollar herramientas como la escritura, la oratoria y la organización de actividades y/o clases abiertas. Se reconoce que los tiempos y condiciones de vida son distintos, por lo que no exige una disponibilidad uniforme y busca incluir también a quienes tienen sobrecarga académica, cuidados, trabajo y responsabilidades personales. Cada aporte cuenta en la medida de las posibilidades reales de cada quien, y lo importante es la constancia, la disposición a construir colectivamente.

Al mismo tiempo, formar parte implica compartir ciertos principios básicos que hacen posible este trabajo común. La organización es independiente de partidos políticos y no integra a personas que militen en ellos u otras instancias político-estudiantiles, esto con el fin de resguardar su autonomía de clase. Asimismo, no se aceptan personas con antecedentes de violencia de género ni conductas violentas, ya que la construcción de una práctica política sólida requiere condiciones de respeto, confianza y coherencia. 

¡Súmate a la Nueva Chispa!

Recent articles

Deja un comentario