Hubo un tiempo en que paladines con cruces cosidas al pecho marcharon hacia otros territorios convencidos de que restauraban un orden universal amenazado. No se concebían sólo como representantes de la monarquía, sino como defensores de una verdad superior.
Algo de esa lógica reaparece hoy en la ofensiva comunicacional del gobierno y sus corifeos gremialistas —y más patéticamente en la reciente declaración de sus delegados1— que levantan una nueva cruzada contra el paro de la CONFECH bajo el estandarte de la “libertad de enseñanza” contra la “ideologización”.
El discurso ajustador reaparece en medio de la crisis del patrón de acumulación neoliberal y del ocaso del superciclo de commodities. La derecha saca del baúl enmohecido las categorías heredadas del gremialismo dictatorial, hiladas con las apariencias mistificadoras de la “responsabilidad fiscal”, la “excelencia académica” y la “meritocracia” mientras construyen una idea del movimiento estudiantil como una fuerza irracional que “politiza” la educación y “secuestra las universidades para fines ideológicos”, paralizando las clases y “negándosela a quienes quieren estudiar” a la vez que se presentan como guardianes neutrales del aprendizaje, el diálogo y el prestigio.
Detrás de esta retórica opera una lógica de clase más profunda. Como señalaban dos viejos barbones herejes y materialistas, toda clase “se ve obligada, para sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, (…) a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta.”2
Es así como la defensa de la “meritocracia” encubre las necesidades de los poderosos que buscan raspar hasta el último rincón de la olla para darle salida a la crisis del neoliberalismo y sus disputas interburguesas3 —no es de sorprender que para las elecciones de 2025 hayan aparecido con cuatro candidaturas distintas.
La dicotomía entre “realismo” e “ideología” que pregonan funciona precisamente como mecanismo de legitimación. Se prepara una ofensiva que traslada el problema objetivo del recorte a la educación hacia una falsa oposición entre racionalidad y fanatismo violento. La burguesía presenta sus posiciones autoritarias como bien común y sus recortes como decisiones técnicas y objetivas. Al mismo tiempo, resignifica a quienes se oponen a la desvalorización de sus vidas como presos de ideologías. No se trata de ciudadanos con otra visión de la educación, se trata de los movimientos de nuestro enemigo de clase, que ha reordenado asimétricamente las condiciones del debate político, empujándonos a invertir más tiempo en desmentir cada discurso que en articularnos, producir programa y frenar los recortes con hechos.
Las verdaderas razones detrás de las grandes problemáticas de la educación superior
El problema de fondo no es cultural ni moral. Chile experimenta hace años una sobreoferta estructural de profesionales en una economía incapaz de absorber trabajo calificado en la misma proporción en que lo produce. La expansión desregulada de matrículas, impulsada por la subvención a la demanda educativa, multiplicó el número de egresados mientras el mercado laboral mantuvo una estructura productiva exportadora que no necesita de profesionales en masa.4
Marx observa, desde el otro lado de las murallas, aquello que el discurso meritocrático busca ocultar. Mientras los templarios del mérito levantan sus estandartes hablando de orden, prestigio y salvación de la educación, el hereje de Tréveris pregunta quién financia la expedición, quién se beneficia del saqueo y qué intereses materiales se esconden detrás del discurso sagrado. En El Capital, plantea el nodo clave: los trabajadores, como vendedores de fuerza de trabajo buscan venderla lo más caro posible, mientras los empleadores afirman su derecho como compradores al infravalorarla e imponer mecanismos para pagar menos por ella: sobreproduciéndola, intensificando el trabajo, disciplinando a la mano de obra y automatizando con maquinaria. Ese es el fondo objetivo y económico de la lucha de clases.
Dos determinaciones se refuerzan mutuamente para producir la saturación del mercado laboral. La primera es la posición de Chile en la división internacional del trabajo como economía de exportación de cobre, celulosa y salmón, cuya matriz productiva solo es capaz de absorber como fuerza de trabajo calificada a 2 de cada 3 profesionales ocupados.5 La segunda es el interés autónomo de las instituciones de educación superior privatizada, que expandieron desreguladamente la matrícula sin planificación respecto a las necesidades regionales y nacionales, con el único fin de autofinanciarse y enriquecerse. Según la Fiscalía Nacional Económica de enero, 2 de cada 5 egresados trabajan en algo distinto o poco acorde a su formación y el 35% de los programas de pregrado tiene un retorno económico negativo respecto del costo de su formación.6 Entre 2013 y 2025, mientras la fuerza de trabajo universitaria creció un 90%, los puestos de trabajo calificados aumentaron apenas un 41%. Así, la cantidad de profesionales aumentó a un ritmo 2,2 veces superior al de los puestos calificados.7
El resultado es una masa creciente de profesionales obligados a ofrecer su fuerza de trabajo calificada por debajo de su valor, compitiendo entre sí por condiciones cada vez más precarias o por pitutos académicos clientelares para que los partidos parasitarios profiten con el 10% de sus salarios. Pero ese no es el único resultado. Avanzamos también hacia una creciente crisis de incentivos para cursar educación superior chilena.8 Las bajas proyecciones del mercado laboral y escasas expectativas de movilidad, configuran un horizonte de expectativas cada vez menos atractivo para los estudiantes, empujándolos a invertir menos tiempo y energía en su propia formación, lo que explica todas las problemáticas que aparecen tras el velo místico de la “corrupción del prestigio”: la desafección y la caída de puntajes. El problema no es moral; es la respuesta racional de quienes valorizan su fuerza de trabajo en función de lo que la sociedad les ofrece a cambio.
En ese contexto, el discurso restauracionista del mérito cumple una función ideológica precisa, le pone un velo a las responsabilidades del capital desplazando la crisis estructural del patrón de acumulación hacia el terreno individual. La respuesta ofrecida —más selección desigual que beneficia sistemáticamente a los que cursaron en colegios de élite, más competencia y más represión— intensifica justamente las dinámicas que hacen crecer las problemáticas que dicen atacar.
Parados frente a un momento defensivo de la educación
La penosa ofensiva de esta cruzada busca construir las condiciones políticas y discursivas como correlato a los recortes en educación y la profundización del ajuste. Por eso debemos pensar desde la izquierda una salida programática a los problemas de la sobreoferta profesional, volver a las discusiones sobre el financiamiento basal y una superación del lugar exportador que la división internacional del trabajo nos ha impuesto, con el fin de utilizar las grandes riquezas naturales como palancas para el desarrollo económico y social de la clase trabajadora y garantía de una educación gratuita, de masas y al servicio del progreso de la sociedad.
Nos encontramos en un momento defensivo, y precisamente por eso la principal tarea no es retroceder ni quedar atrapados reaccionando a cada bufonada del gobierno y sus fervientes prosélitos. No basta con disputar la legitimidad comunicacional desde la comodidad de una aplicación, pues este es, fundamentalmente, un problema de poder: un problema de relaciones de fuerza entre las grandes mayorías y el empresariado.
Necesitamos romper su marco discursivo y empezar a marcar la pauta desde el movimiento estudiantil, avanzando en organización, programa y articulación con trabajadores de sectores esenciales, porque en nuestra economía de servicios los resortes del poder tiemblan cuando se paralizan los trabajadores de la logística y las minas, y cuando se bloquean las cadenas de suministro, como lo ha demostrado con valentía el pueblo boliviano en sus últimas movilizaciones.
Si esta intentona de campaña logra imponer que el problema son los estudiantes organizados y no un modelo agotado incapaz de ofrecer futuro, entonces no sólo se habrá derrotado al movimiento estudiantil: ellos habrán avanzado en recomponer su crisis interna y restaurado la rentabilidad del modelo sobre nuestra derrota histórica.
Como en toda cruzada inquisidora, detrás de los estandartes del orden y la salvación no marchan santos, sino custodios de una decadencia histórica.
- “Derecho UC rechaza la CONFECH”. https://www.instagram.com/p/DY12jtikTUN/?utm_source=ig_web_copy_link&igsh=NTc4MTIwNjQ2YQ== ↩︎
- K. Marx y F. Engels (2025). La Ideología Alemana, vol. 1. Editorial Larga Marcha.
↩︎ - Para un desarrollo más acabado de este punto, leer nuestro diagnóstico sobre el momento actual en lanuevachispa.com
↩︎ - Para un desarrollo más extenso de este punto, leer nuestro texto “¿Universidad para quién? en lanuevachispa.com
↩︎ - Fundación SOL. (2026, abril). Informe Mensual de Calidad del Empleo IMCE enero-marzo 2026. Serie IMCE, ISSN 0719-6733. https://www.fundacionsol.cl.
1.271.584 profesionales con educación superior finalizada, equivalentes al 32,6% de ese grupo, trabajan en ocupaciones que no requieren su formación, cifra que ha aumentado 5,8 puntos desde 2010.
↩︎ - Fiscalía Nacional Económica. (2026, enero 30). Estudio de mercado sobre educación superior (EM09-2024). Gobierno de Chile. ↩︎
- Instituto Nacional de Estadísticas de Chile. (2025). Banco de datos de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE). Elaboración propia. https://bancodatosene.ine.cl
↩︎ - Sobre la crisis de incentivo, recomendamos leer “Trabajadores Jóvenes ante la Amenaza de un Futuro Incierto”, un estudio de María José Azócar, Santiago Rosselot y Andrea Sato, en particular los apartados 5, “Empleo joven” y 6, “Tensiones Generacionales”.
↩︎
